"Todos los olores, agradables o no, son extraordinarios evocadores de recuerdos" 

(El oficio ajeno, 1985) 

Primo Levi

Se ha sostenido por mucho tiempo que el ser humano es sensorialmente macro-óptico, es decir presenta un gran desarrollo de su sistema visual. Lo cual es cierto, en principio, con gran evolución de la corteza occipital, donde se encuentra la funcionalidad de la visión.

Los mamíferos más inferiores como el perro gato, ratón o la comadreja, entre muchos, son pensados como macro-osmáticos, donde en este caso el olfato cumple una función esencial.

Se plantea que el aumento de la función visual en el homo sapiens se desarrolla a expensas de la función olfatoria; que habría quedado disminuida hasta ser casi atávica.

Sin embargo en los últimos tiempos se han generado varias investigaciones que le asignan al olfato un valor mucho más importante del que se pensaba.

Se describe que pueden leerse miles de moléculas odoríferas en la mucosa nasal. Que el sistema nervioso puede discriminar incluso estímulos olfatorios subliminales, que influyen en la función gregaria, en la conducta y en el afecto de nuestra especie.

Incluso se han localizado ciertas moléculas que pueden olerse mejor de lo hace el perro, especialmente de aromas frutales. El perro, considerado en principio como carnívoro, no necesitaría de estos olores para su alimentación y obtención de la presa. Sí, el can tiene una gran capacidad de receptores para oler las moléculas derivadas de la carne, como de los ácidos grasos.

En conductas sexuales o de consumo estarían implicados los olores, que impactan en las decisiones

Son muchas las hipótesis que relacionan al olfato con la cuestión emocional. De hecho el sector al cual se le asigna la operación primaria olfatoria corresponde a zonas del cerebro relacionadas con el sistema límbico, que se asocian al funcionalmente instintivo-afectivo. De ahí que las cuestiones relacionadas con perfumes, entusiasmarse con una pareja, un lugar, un producto o un negocio puedan, entre posibilidades, ser reforzados por un buen aroma.

También es muy común la asociación de un perfume u olor con el recuerdo y presentificación de un evento afectivo del pasado, se encuentre fuertemente conectado a lo olfatorio.

Es decir que en cuestiones de conductas, por ejemplo sexuales o de consumo estarían implicados intensamente la influencia de los olores, que impactan en la toma de decisiones.

Incluso en la cuestión de elección de pareja, como base de la instancia gregaria influyen los aromas. De ahí la trascendencia de la olfacción de los perfumes en los procesos de atracción y valorización social.

Existen sustancias que se olfatean aún en concentraciones muy bajas, generando influencia en el sistema conductual, en forma subliminal. Donde, por ejemplo, se elegirán generalmente a personas con diferentes antígenos inmunológicos entre sujetos. Cuestión que se relacionaría con la posibilidad de tener una descendencia con mayor variabilidad de genes y posibilidades de asignar mejor respuesta a la heterogenocidad inmunológica genética.

Si bien esto es una hipótesis, existen estudios que muestran que estadísticamente las personas que difieren en sus antígenos de membrana presentan en su relación de pareja mayor índice de satisfacción. Siendo posible ser un factor más que influye en forma inconsciente sobre la elección de quien nos acompañe en la vida, entre muchas otras variables.

Otros estudios muestra que también podemos identificar, sin saberlo, diferentes sudores de personas diferenciando una situación de miedo o estrés de la que se genere por el ejercicio. Presentando mayor respuesta afectiva, por ejemplo mejores respuestas a imágenes de caras ante el ejercicio. Mostrando por lo contrario, tensión en test cognitivos si se encuentran oliendo sustancias sudoríparas que muestran subliminalmente estrés.

El olfato es el sentido más arcaico, presente en animales inferiores como reptiles y anfibios. Por lo que quedó inmerso dentro del sistema nervioso del humano, envuelto por las nuevas cortezas desarrolladas; a partir de la evolución.

Cuenta además con dos características particulares. Primero es el único que no presenta filtro talámico, lo que genera un impacto directo sobre el sistema emocional primitivo de nuestro cerebro, con la respuesta subsecuente.

Segundo es la corteza más antigua y de tres capas presentando una fisiología estructural diferente.

Otra característica clave es que no tendría neuronas específicas, sino que un trabajo del científico Charles Stevens y su grupo de la Universidad de Salk de EE.UU., ha mostrado que las neuronas de la corteza olfatoria del ratón (corteza piriforme) se activan con todos los olores al mismo tiempo; pero con diferentes intensidades dependiendo del olor recibido. Por lo que todas las neuronas corticales olfatorias se comunican con todos los receptores olfatorios del bulbo olfatorio, que recibe información en forma directa de la nariz. La señal dependería del grado de intensidad en su neurotransmisión, que se genere en este ovillo de neuronas

Siendo este mecanismo el idioma sensorial neuronal del olor, dando miles de posibilidades (algunos dicen de millones) y una capacidad de localizar a través del aroma, consiente o subliminalmente muy pocas moléculas dentro de otras millones de moléculas de agua o de aire.

Incluso en un estudio muy paradigmático realizado por el neurobiólogo Noam Sobel de la Universidad de Berkley, mostró que aún las personas privadas artificialmente de visión y audición pueden localizar el rastro de diferentes aromas y con bastante acertividad. Cuando la sustancia se coloca en el suelo, así la mayoría de las personas podían descubrir el recorrido espacial de una sustancia.

Existen zonas corticales antiguas como el hipocampo, relacionadas con la función olfatoria pero también con la memoria. Especialmente con la consolidación de la llamada memoria declarativa anterógrada (memoria reciente conciente). La atrofia de esta zona se asocia generalmente al comienzo de la Enfermedad de Alzheimer. Uno de los primero intentos en el diagnóstico precoz de esta enfermedad fue medir la capacidad olfatoria de los posibles pacientes precoces, algo parecido sucede en la depresión. Esto a veces resultaba engorroso como estudio diagnóstico, pero no por ello plausible; pues se han publicado algunos resultados promisorios de esta relación olfato-memoria-afecto.

Entonces se fue reconsiderando la importancia de la olfacción en procesos claves, como el reconocimiento molecular odorífero de lo que nos rodea, el impacto sobre la conducta humana, los procesos afectivos asociados al recuerdo de los olores y la función inmunológica del otro a través de la olfación.

Pareciera ser que el olfato sufrió grandes modificaciones en el homo sapiens a través del proceso evolutivo, cambiando su funcionalidad; pero no por ello su valor.

*Neurólogo cognitivo. Doctor en Filosofía.
Prof. Tit. UBA-Conicet