"Cuantas más cosas le interesen a un hombre, más oportunidades de felicidad tendrá, y menos expuesto estará a los caprichos del destino, ya que si falla una de las cosas siempre puede recurrir a la otra".

Bertrand Russell,

"La conquista de la felicidad"

Puede considerarse a la felicidad como uno de los polos de la función emocional. Tristeza y felicidad serían dos opciones normales, que en condiciones fisiológicas pueden constituir funciones, que construyen la personalidad.

La felicidad motiva y la tristeza paraliza, aunque en ocasiones esta última pueda generar un proceso de lucha, especialmente cuando no es muy grave. Pero si estos polos se extreman, se transforman en enfermedad. Podrá observarse en un extremo la alegría patológica llamada manía y en el otro, la tristeza como depresión.

Es discutible cuál es la definición de felicidad. Desde el punto de vista de la neurociencia, podría decirse que la felicidad contiene un proceso emocional y otro cognitivo. Se le adjudica a la corteza cingulada anterior y la prefrontal orbitaria la función consciente de la felicidad y a la amígdala subcortical cerebral los factores emocionales negativos.

Algunos investigadores describen que existe un aumento de las cortezas emocionales en las mentes positivas. Es decir que postulan a estas áreas como relacionadas claramente con componentes afectivos positivos. Cuanto más sustancia gris en estos lugares mayor visión positiva de vida. Incluso plantean su incremento luego de instancias neuroplásticas como la meditación. Por lo contrario describen disminución de la sustancia gris amigdalina, cuando el paciente se vuelve más optimista.

Cabe decir que no es que las neuronas se reproducen en estas zonas en la adultez, sino que su incremento se debe especialmente al mayor número de conexiones. Aunque algunos científicos plantean también en un incremento del cuerpo celular. Emociones positivas dejaran no sólo engramas sinápticos, sino que esa información quedará en proteínas del citoplasma. Sean emociones positivas como negativas; condicionando, en parte, los efectos afectivos posteriores.

En otros estudios realizados por Wataru Sato, de la Escuela Superior de Medicina de la Universidad de Kyoto (Japon), este investigador relaciona al proceso subjetivo de la felicidad con otra zona cortical, antes descuidada, llamada Precúneo.

Es un sector parietal interno del encéfalo humano, que es el que más puede variar de tamaño en el homo sapiens.

Esta área estaría muy relacionada con los procesos más internos de la sensación "autoempática" de felicidad. Es decir, la metacognición de las sensaciones alegres. Probablemente sea un punto de confluencia entre las áreas racionales y las emocionales antes mencionadas.

Este sector, tiene además relación con los procesos de reposo cerebral y de meditación. Instancias que permiten mejorar los estados anímicos y han sido asociados a un mayor tamaño y conexión gris de esta zona. Estas personas pueden también poseer mayor capacidad creativa y cognitiva.

Las neuronas presentan conexiones innatas, es decir que existen sinapsis que en un pequeño porcentaje son de nacimiento. Pero las nuevas sinapsis que son aproximadamente el 90 por ciento de las mismas, son generadas posteriormente de nacer y pueden cambiar con la estimulación y el paso del tiempo.

Estas modificaciones pueden ser en más o en menos, con variaciones espaciales y funcionales, trabajando con diferentes sinapsis específicas.

Las áreas corticales presentan además conexiones (de ida y vuelta) con sectores subcorticales; que sirven como centrales especiales de síntesis de neurotransmisores. Así la serotonina y la dopamina son asociadas con la sensación empática, la motivación, la satisfacción y la creatividad. Todas funciones relacionadas con la sensación de felicidad.

Asimismo, existen hormonas corporales referenciadas con el placer y el amor, como la oxitocina. Se secretan en los abrazos, las caricias, en las miradas de amor entre humanos e incluso en el contacto con nuestras mascotas. De ahí la importancia intersubjetiva del afecto en todo tratamiento. Esto incluye muchas veces zooterapia, especialmente en pacientes crónicos y en niños.

Existen algunos estudios que evalúan con cual tipo de felicidad las personas se sienten más identificadas, y claramente estas se emparentan mucho más con los procesos vivenciales que con los materiales. Pues se plantea que las vivencias son el conjunto de memoria que nos hace quien somos.

El homo sapiens es el único ser viviente que tiene la capacidad consciente de modificar su propio cerebro. Como profería Ramón y Cajal ya a comienzos del siglo pasado.

Es decir en pos de la felicidad; las psicoterapias y otras actividades como la meditación o el correcto manejo transferencial, pueden ser claves para que las partes del cuerpo que hacen a la felicidad, se activen y crezcan. Esto puede ser utilizado correctamente por el hombre o no.

*Neurólogo y Doctor en Filosofía. Prof. Tit. Medicina UBA. Conicet

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