“Cuando debemos hacer una
elección y no la hacemos,
esto ya es una elección”
 William James

La neurociencia puede ser aplicada a cuestiones electorales y políticas. Nace así una disciplina derivada del neuromarketing: la neuropolítica. Muy probablemente la generalización de la aplicación del sistema nervioso en diferentes disciplinas sea algo un poco reiterativo y hasta tedioso. Sin embargo, implica la utilización de técnicas, especialmente las neuroimágenes y las evaluaciones neurocognitivas, que en la actualidad han revolucionado el estudio del cerebro y de la conducta humana (y también de la de los animales).

Una de las funciones más complejas, difíciles de evaluar, y probablemente la consecuencia final de toda la cognición, sea la toma de decisiones. Esta consiste en la elección que hace una persona en plena libertad, sin coacción y con todas las posibilidades abiertas. La toma de decisión puede ser a corto o a largo plazo. Ambas difieren mucho, tanto desde su base neurológica hasta la función en sí.

La decisión a corto plazo implica conductas rápidas emocionales y subcorticales, como una respuesta repentina o tomar una ruta u otra en una rotonda. A largo plazo, la decisión es mucho más elaborada, consecuencia de la lucha entre emoción y razón. Es decir, esta última pasa por el filtro cognitivo cortical (prefrontal) que le otorga una carga de complejidad a la conducta final. Las dos decisiones están implícitas en la persona que vota por un candidato o partido político.

Cuando una persona presenta empatía con una idea es muy difícil hacerle cambiar su emoción

Es difícil diferenciar la toma decisión electoral de las del consumo de la vida cotidiana. En estas se utilizan procesos similares del sistema nervioso, en los que están implícitos factores empáticos y también racionales, elaborados intelectualmente, tanto a corto como a largo plazo.

Un trabajo de la investigadora Hilke Plassmann publicado en el Journal of Consumer Psychology mensura las estructuras neurológicas activadas en las personas que eligen un producto y su nivel de adherencia. Por ejemplo, la corteza prefrontal ventromedial y la orbitofrontal medial se relacionan con tomar una determinación orientada hacia la ecuación entre el valor y la utilidad de un producto. La corteza cingulada anterior se activa cuando existe un conflicto. Así también la ínsula se prende ante un rechazo a un producto o situación. Esta última corteza funciona entonces en situaciones de asco o dolor. Por lo contrario, existe un lugar de la recompensa: el núcleo accumbens, que participa en la motivación o deseo.

Si bien es complejo obtener determinaciones finales sobre las zonas cerebrales que actúan en una función, claramente una activación de la ínsula va a mostrar un rechazo de sobre alguna objeto o persona. En cambio, el frontal ventromedial muestra el acercamiento a una toma decisión. Por último, esta investigadora describe al hipocampo (centro de la memoria) asociando el recuerdo entre ideas, productos momentos y emociones.

Un punto a considerar es sobre los sistemas de creencias, que sintetizan la calidad de empatía que tiene una persona con un producto u oferta. Debe saberse que en este caso, cuando la persona presenta empatía con un producto o idea, es muy difícil hacerle cambiar su emoción de confianza. De igual forma, cuando se presenta empatía negativa sucede algo parecido pero inverso: será muy difícil hacer querer a algo con lo que no se empatiza. La insistencia excesiva en la pronunciación de un discurso de convencimiento sobre esa toma decisión podría ser incluso un proceso negativo, pues forzaría a cambiar una idea muy arraigada de la persona, que le podrá generar paradójicamente un reforzamiento de su decisión.

Algo parecido sucede en problemáticas psicológicas; en personas con ideas fijas o delirantes la insistencia de convencimiento de que su idea es incorrecta será contraproducente, y probablemente fije la idea incorrecta. Deberá entonces utilizarse otro tipo de mecanismo más sutil, de ingreso a la conciencia de realidad.

En un trabajo muy interesante realizado por Peter Riefer del Colegio Universitario de Londres, este investigador estudió los hábitos de consumo de más de 200.000 mil personas. Plantea al humano como un animal fiel a las costumbres, siendo este sentido probablemente parte del proceso evolutivo, en el cual el consumo de lo cotidiano y conocido es priorizado, pues es habitual encontrar frutos venenosos en el hábitat natural. La rutina, lo conocido y la misma zona, cobran así valores preventivos de supervivencia.

Estaría relacionado con la toma decisión conservadora en cuanto al consumo de productos. Por ejemplo, en un supermercado el consumidor prefiere más comúnmente los mismos artículos y las mismas góndolas. Este instinto también podría ser observado en instancias electorales. Podría ser mucho más certero y económico y evita un desgaste personal continuar con lo conocido que aventurarse lo desconocido.

Peter Todd de la Universidad de Indiana en un artículo publicado en Nature plantea que existiría una especie de temor a lo nuevo (neofobia), que evitará evolutivamente el riesgo excesivo. Por ejemplo, elegir alimentos nuevos, aunque podría ser incluso mejor, también podría incluir eventuales peligrosos. Además, cuando un animal permanece más tiempo en un lugar, en general, esa zona es la que tiene los alimentos más accesibles y comestibles. Quizás esto sea una de las causas de reiteración de confianza electoral en candidatos conocidos (redundaría en mayor facilidad para ganar segundos mandatos presidenciales). Y también en la confianza estable en los mismos medios formadores de opinión,

Aunque debe reconocerse que existen cuestiones de cansancio a los mandatos muy prolongados. Pareciera que aplicarían términos de vencimiento a la fidelidad al consumo de un producto. Luego de muchos años, llega el tiempo final para nuestro contexto emocional-instintivo de costumbres.

Dice Todd que el principio fidelidad se basa que "en lugar de comprar lo que nos gusta, nos guste lo que compramos". Probablemente eso se agote con el tiempo y sea algo que los políticos deberían conocer como diagnóstico.

*Neurólogo Cognitivo.
Doctor en Filosofía.
Prof. titular UBA. Conicet