"Donde no hay propiedad, no hay injuria"

John Locke

La existencia del homo sapiens data de hace más de 200.000 años, sin embargo hace sólo menos de 10.000 años comienza a convertirse en sedentario. Pasando de cazador- recolector a agricultor y ganadero.

Tanto cuando nómade como cuando sedentario lo acompañó un instinto social llamado también "gregario". Es decir la necesidad de asociarse a otros; familiares o conocidos con los que construir un clan o manada.

Existe una hipótesis que dice que: "a mayor capacidad gregaria más masa encefálica", quizá sea entonces esta capacidad, que en principio instintiva luego derivó evolutivamente en cognitiva. Complejizando la cognición social que consiste en entender a los otros.

Es decir que el ser urbano sería consecuencia de nuestro desarrollo cognitivo.

Sin embargo la conducta social existe necesaria e instintivamente en los animales y en las especies más diversas. Desde insectos, peces, aves hasta primates; que nos preceden.

Pero se observa una gran variedad de posibilidades conductuales, dependiendo de cuál especie hablemos. Por ejemplo, nuestros primos los chimpancés y gorilas se comportan en manadas. Diferentes a los orangutanes, que solitarios sólo buscan pareja para reproducirse y luego seguir su vida en soledad.

El humano nómade o sedentario se comporta como gregario, sin embargo el sedentarismo será la máxima expresión de lo comunitario; creando grandes conglomerados.

El sedentarismo irá agregando la necesidad de apropiarse del territorio, pues ya el humano comenzó a dedicarse a su tierra y ganados, pasando de cazador recolector a sedentario.

Es interesante percibir que algunas de las pocas tribus cazadoras recolectoras que sobreviven actualmente en el África, como los Hadzas de Tanzania Central, sin el concepto de propiedad territorial, llegan a solucionar sus diferencias con menos violencia.

Los conflictos son generalmente producidos por cuestiones de disputas familiares, sexuales o de alimentos. La gravedad de las riñas y las venganzas son mínimas, comparativamente a los sedentarios. A veces son luchas simbólicas o rituales que simulan una disputa, sin graves consecuencias lesivas.

El concepto de guerra estructural nacerá en asociación al sedentario agricultor y a la creación de grupos establecidos que se apropian de territorios.

No se conocen guerras o conquistas hasta la situación de sedentarismo del homo-sapiens. Lo que es descrito por primera vez en diferentes asentamientos del oriente medio, especialmente en la Mesopotamia.

Consecuente se observaron guerras territoriales y saqueos de lo cosechado (que era la mayor riqueza) de otros grupos vecinos.

El primer ejemplo histórico es el de Sargón el grande, de la ciudad de Acadia, quien construyó el primer imperio de la historia.

Es decir que probablemente cuando lo gregario se expresa en el humano en su mayor expresión, se genera territorialidad, concretando sentimientos de propiedad y guerras subsecuentes.

El proceso de conocimiento de finitud, su relación con la religiosidad y el entierro de los ancestros probablemente haya abonado al sedentarismo. Agregando un plus que potenció el instinto subjetivo de posesión.

Algo curioso es que mientras nómada se han encontrado muchos entierros de humanos con su perro acompañante, en una especie de importante simbiosis muy aferrada a ambas especies. Fenómeno que no pudo describirse posteriormente, a partir que el hombre se convierte en sedentario. Quizá como consecuencia que el perro acompañante ya ocupaba un territorio fijo donde yacería el difunto.

Estos grupos tienen reglas que implican otros instintos complejos. Dependiendo la característica del mismo intervendrá el "altruismo", para enseñar y proteger, pero también conseguir un rol dentro de la manada. La "copia" que implica el aprendizaje, también la "comunicación", la "cooperación". Aunque también el "egoísmo" para expulsar personajes no deseados o intrusos.

Muchos de estos instintos parecen elaborados pero existen en comunidades de animales mucho más elementales, desde aves a termitas u hormigas y por supuesto también mamíferos inferiores.

Muchas son las hipótesis de la neurociencia que avalan al instinto gregario. Sectores del cerebro que desconfían del otro como la ínsula o el lóbulo cingulado anterior, rechazan a otros grupos.

Sectores como el lóbulo cingulado posterior y el lóbulo prefrontal anterolateral serán los que nos acerquen para analizar al otro y socializar, como postula el neurocientífico Michael Gazzaniga en su libro "El cerebro social".

Pero la socialización y el desarrollo asociado de territorialidad tan marcada existen sólo en el hombre, que contiene zonas de corteza complejas de asociación, que modulan las zonas más primitivas.

Las neuronas en espejo que se ubican en diferentes lugares de la corteza se presentan activas ante la empatía, base de la sociabilidad. Estas prenden al accionar con otro sujeto. Es decir si otro individuo se mueve, las zonas se activan; aún sin realizar ningún acto concreto. Muchos investigadores plantean que estas neuronas tendrían un rol sustancial en la sociabilidad.

Asimismo zonas emocionales como la amígdala cerebral, que es un lugar subcortical más básico y que almacena la memoria emocional acciona respuestas de miedo, extrañeza y lucha ante cuestiones desconocidas o peligrosas. Sería una zona clave en la gestión del recuerdo emocional social. Asimismo el hipocampo almacena la memoria declarativa que permitirá el recuerdo posterior.

Otros posibilidades biológicas que se relacionan con lo gregario, son las hormonas oxitocina y vasopresina, así como neurotransmisores como la adrenalina. Que generan conducta de apego con el otro, cuidados de la crías y del nido.

El marketing ha aplicado algo de estas ideas. Explora esta pulsión social del individuo que lo lleva a consumir donde otros consumen y no quedarse con una toma decisión en soledad. La muchedumbre da seguridad, confianza y costumbre en el uso. Lo establecido es más seguro. De hecho evolutivamente una fruta desconocida, aunque colorida, genera mayor riesgo.

La masividad es convocante, lo que el otro tiene es lo deseado. La necesidad de propiedad sobre un objeto o terreno se encuentra implícita en animales y es más compleja en el humano. Se potencia en con el instinto gregario y con el sedentarismo. Especialmente a partir del desarrollo cognitivo que le otorga un plus a nuestro instinto de posesión.

*Prof. titular UBA. Conicet.
Dr. en Medicina y Filosofía. Fundación Humanas

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