"En las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte"
Honoré de Balzac

Se considera al trauma vital como un evento lo suficientemente estresante para hacer suponer o imaginar que se pone en riesgo la vida propia o de terceros cercanos. Actualmente también se acepta que eventos menores, pero permanentes y prolongados en el tiempo, como por ejemplo las actividades forenses, emergencias médicas o policiales, así como el personal que asiste a violencia sexual están expuestos a un riesgo similar a un trauma agudo.

Las afecciones generadas por un evento que arriesgue la vida pueden generar problemas de revivir el trauma en forma permanente, afectar la memoria y generar evitaciones ambientales generalizadas, produciendo un cuadro de disrupción social de los sujetos.

Aproximadamente la mitad de las personas son expuestas a una injuria vital a lo largo de su vida, aunque no todas conllevan a un estrés postraumático dependiendo la gravedad del mismo. Pero si el evento es muy grave, como como violación o secuestro, se produce en más de la mitad de las personas; aunque si el evento es leve, sólo llega al diez por ciento.

Es decir, no lo desarrolla quien quiere, sino quien puede. Dependiendo de las condiciones previas, como la personalidad, situación social y genéticas; puede expresarse una patología traumática posterior, produciendo una enfermedad muchas veces desconocida, pero con mucha afección como el estrés postraumático.

El estrés postraumático es una enfermedad que, además de afectar lo antedicho, genera mayor sensibilidad a padecer otros problemas de salud como una depresión asociada.

Es decir que existen personas más resilientes para padecer la enfermedad traumática y otras más susceptibles, dependiendo de las características particulares de cada individuo. Múltiples factores son los que intervienen determinando la epigenética (expresión de genes que estaban en silencio y se activan por diferentes cuestiones).

Existen modificaciones cerebrales secundarias al estrés postraumático. Por ejemplo un aumento de la actividad de la amígdala del cerebro, lugar que marca la memoria emocional, generando el alerta al peligro y activando hacia la lucha.

Otras funciones cognitivas relacionadas con el aprendizaje normal, como la memoria consciente, se ven también afectadas. Esto se debe a que el hipocampo, que sirve para esta memoria consciente declarativa, disminuye de tamaño afectando los recuerdos.

Se afecta la zona prefrontal de la corteza, generando alteraciones atencionales y en la capacidad de concentración; además de la emoción, la autoconciencia (la conciencia de sí mismo) y la empatía o cognición social (la conciencia de lo que le pasa al otro).

Además de estas alteraciones sucede un aumento del alerta que se traduce en una mayor ansiedad, irritabilidad y alteraciones del sueño.

Estos cambios de las funciones se han asociado al aumento del neurotransmisor noradrenalina. Asimismo, los síntomas primarios del estrés postraumático se asocian a disminución de serotonina y alteraciones hormonales, como la falta de respuesta correcta de la hormona del estrés el cortisol.

Los traumas vitales son instancias que siempre van a generar una respuesta. Esto lo describe el premio Nobel de medicina Eric Kandel, cuando demuestra que ante la injuria animales de laboratorio, sintetizan proteínas que recordarán el evento, modificando la conducta del mismo.

Cambia así el cerebro generando quienes somos. Muchas veces esa modificación no conforma una patología, pero no por ello se debe ignorar en cada injuria ambiental modificaciones en el cerebro y el psiquismo.

Existen etapas de la vida más lábiles para que estos problemas se desencadenen. Por ejemplo la niñez, que influye claramente en la conformación de quienes somos. Y en la vejez donde los cambios generan una huella emocional mucho mayor, dada la vulnerabilidad del sistema nervioso envejecido. En ambos extremos de la vida existe una sensibilidad muy importante ante fenómenos menos agresivos.

Así, lo que para un adulto joven no representaría una modificación de importancia, como una mudanza o viaje de un familiar; en un adulto mayor podría ser equivalente a una injuria traumática. Pudiendo desencadenar un estrés posterior, que tiene como órgano de choque al hipocampo. Igual órgano que se afecta en la enfermedad de Alzheimer. Traumas vitales son descriptos como desencadenantes de trastornos cognitivos progresivos en los ancianos.

Entonces, la personalidad será el conjunto de influencias ambientales que se irán recibiendo a lo largo de la vida y especialmente en las etapas vulnerables: niñez y vejez.

Se plantea como efectiva la psicoterapia cognitiva personalizada, desde el reconocimiento consiente del problema. Pero que no genere mayor reminiscencia del evento, especialmente en la etapa aguda, siendo la que ha demostrado mejor resultado.

Un tratamiento combinado en los que se trabaje con una psicoterapia cognitiva, basada en la evidencia. Y en los casos más graves en forma combinada con medicaciones que suban la serotonina, serán claves para una cura o una mejor evolución, cuando se instala un estrés postraumático.

*Neurólogo cognitivo y doctor en Filosofía.
Prof. titular UBA. Conicet