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Científicos correntinos logran extender la vida de serpientes venenosas y disminuir accidentes con protocolo innovador

Centro universitario de Corrientes utiliza protocolo innovador en serpientes venenosas para extender su vida y reducir accidentes. Estudio científico vital para producción de suero antiofídico.

Redacción Veintitrés

Un centro universitario en Corrientes ha logrado aumentar la vida de las serpientes venenosas y disminuir los accidentes a través de la implementación de un protocolo de buenas prácticas en el trabajo científico. Este avance es crucial para el estudio y producción de suero antiofídico, el cual salva vidas al curar mordeduras de serpientes venenosas como la yarará.

El Centro Interactivo de Serpientes Venenosas de Argentina (Cisva) se encuentra en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). En este centro, conviven actualmente 47 serpientes, incluyendo yararás grandes y chicas, culebras de musurana y una lampalagua. Debido a diversas razones, estas serpientes no pueden ser reintroducidas en la vida silvestre y se encuentran en cautiverio con fines científicos. El objetivo principal del centro es estudiar el veneno para mejorar el suero antiofídico y generar conocimiento científico sobre estos animales.

Sin embargo, los especialistas descubrieron que alrededor del 75% de las yararás en el centro morían cada año. "Para nosotros, que teníamos más animales, era una mortandad del 50%, pero era demasiado", explicó la médica veterinaria y magister María Lucía Bustos. Bustos lideró un proyecto para mejorar las condiciones y revertir esta situación. Desde hace tres años, se ha estado implementando un protocolo que ha sido exitoso en la reducción de muertes.

Este protocolo incluye diversas técnicas, como un control más preciso de la temperatura a través del uso de aire acondicionado y monitoreo de temperatura y humedad, ampliación de los recintos individuales, instalación de tubos fluorescentes UVA y UVB y cambio del sustrato utilizado en los recintos. También se han reducido los ruidos en el entorno de trabajo y se ha implementado una etapa de cuarentena para los animales recién llegados. Además, se han optimizado los procedimientos de desinfección para evitar contagios y se ha modificado el equipamiento de sujeción para disminuir el riesgo de accidentes.

El protocolo no solo ha mejorado la vida de las serpientes en estudio, sino que también ha disminuido el riesgo de accidentes ofídicos. Bustos explicó que estudian la influencia de la parasitosis y otras enfermedades en la producción de veneno. Además, resaltó la importancia de considerar otros aspectos del ambiente en el que se encuentran las serpientes, ya que esto influye en la calidad de su veneno.

Bustos lidera este proyecto junto a las doctoras Silvana Maruñak y Pamela Teibler, la licenciada Karen González y varios alumnos avanzados de la carrera de Ciencias Veterinarias. Además del Cisva, en Corrientes también funciona el Centro de Producción de Suero Antiofídico (Cepsan), que se encarga de recolectar el veneno de alrededor de 60 serpientes para su posterior envío a laboratorios farmacológicos. El suero antiofídico producido se distribuye en base a criterios sanitarios y con mayor énfasis en las provincias del norte del país, donde hay más accidentes con serpientes venenosas. El gobierno de Corrientes, a través de su Ministerio de Salud Pública, coloca los antídotos en diversas localidades según la incidencia de accidentes ofídicos en cada una.

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