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Escapada: descubrí el paraíso hippie de Córdoba

Rodeado de sierras, ríos cristalinos y tranquilidad absoluta, este destino cordobés es ideal para desconectar del ruido y reconectar con la naturaleza. Los detalles, en la nota.

IA Veintitrés

Durante el verano, muchos buscan escaparse de la rutina diaria. En este contexto, Córdoba se destaca por ofrecer destinos con paisajes variados y múltiples actividades. Uno de los lugares más elegidos es San Marcos Sierras, que garantiza descanso y conexión con la naturaleza, alejándose del bullicio de las grandes urbes.

Este encantador pueblo queda a 828 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, lo que implica un viaje de aproximadamente 9 horas y 15 minutos con peajes. Alternativamente, se puede optar por un recorrido más largo de 11 horas evitando peajes. Para llegar, conviene tomar la Autopista Pres. Arturo Umberto Illia, seguir por la Ruta Nacional 9 y continuar en la Autopista Rosario-Córdoba.

Atractivos naturales y culturales

En San Marcos Sierras, los visitantes pueden explorar legados de los pueblos originarios a través de los morteros y el emblemático monumento arqueológico Casa de Piedra, que fue un importante centro energético para los Comechingones. La belleza del entorno invita a realizar caminatas que revelan las riquezas naturales del lugar.

Una de las rutas imperdibles es la del Cerro de la Cruz, que ofrece vistas panorámicas del pueblo y sus alrededores. Además, los tratamientos por los túneles vegetales no solo deslumbran a los turistas, sino que también albergan puestos de artesanos y productores locales que exhiben lo mejor de la región.

Fiestas y experiencias únicas

San Marcos Sierras se destaca por ser la Capital Provincial de la Miel, y aunque su fiesta anual tenga una fecha específica, el sabor y la tradición se disfrutan todo el año a través de sus productos locales. Este pequeño pueblo también alberga un maravilloso Museo Hippie, el único de su tipo en el mundo, que exhibe objetos representativos de este estilo de vida contracultural nacido en los años sesenta.

Sin polución lumínica ni calles asfaltadas, este destino promueve un contacto profundo con la naturaleza. Además, el área protegida del río homónimo permite disfrutar de un tranquilo paseo por sus orillas, donde se pueden descubrir morteros antiguos y un viejo molino, además de dos fuentes de agua hipotermales perfectas para una revitalizante experiencia al aire libre.

     

 

 

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