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Músicos callejeros en Buenos Aires: testimonios y desafíos

Redacción Veintitrés

Noelia Suárez, una cantante de 29 años, nos cuenta que, aunque toca varios instrumentos, su principal actividad en la calle es cantar soul, jazz y swing. Le gusta mezclar diferentes estilos musicales, a veces interpreta música de musicales antiguos como Liza Minelli, Edith Piaf y Barbra Straisand. Aunque le gustaría tener músicos acompañándola, reconoce que es difícil lograrlo. Actualmente, se presenta los viernes en la Plaza Armenia, en el barrio de Palermo, durante la puesta del sol. Aunque no vive de esto, a veces logra ganar buen dinero.

Uno de los problemas frecuentes a los que se enfrentan estos músicos son las irrupciones de la Policía de la Ciudad, quienes pretenden desalojarlos. Aunque el gobierno porteño anunció la creación de un "Registro de Artistas Callejeros/as", esta iniciativa parece haber quedado inconclusa. Noelia comenta que solicitó un permiso una vez, pero nunca recibió respuesta. Roberto Yardin, un guitarrista de blues y fusión, destaca que es normal que el gobierno hable de acuerdos y permisos que luego nunca otorgan. Además, menciona que es agotador tener que discutir constantemente con la policía.

A pesar de estos obstáculos, estos artistas encuentran gratificación en su trabajo. Roberto destaca el hecho de recibir cartas de agradecimiento en su gorra, donde la gente reconoce el bienestar que les ha brindado con su música. Por otro lado, menciona que lo mejor de tocar en la calle es la libertad de hacer lo que quieren, cuando quieren y donde quieren. Noelia coincide en que tocar en la calle tiene sus ventajas, como la conexión directa con el público y la posibilidad de adaptarse a la energía del momento. Sin embargo, también menciona que la voz

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