SALUD

¿Por qué cuesta tanto hacer ejercicio? Harvard revela las raíces del sedentarismo

Un estudio explora cómo la evolución humana favoreció la quietud y por qué nuestro cerebro resiste el movimiento. Te brindamos claves para romper la inercia y convertir la actividad física en un hábito. Los detalles, en la nota.

Redacción BAE

Hacer ejercicio es fundamental para mantener el cuerpo y la mente saludables a lo largo de la vida. Sin embargo, en un contexto donde la rutina sedentaria se ha vuelto predominante, muchos argentinos enfrentan dificultades para incorporar la actividad física en su día a día. Diversos estudios exploraron las razones detrás de este fenómeno y cómo pueden romperse las barreras que impiden el movimiento.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que los adultos deben dedicar, al menos, 150 minutos de ejercicio moderado o 75 minutos de actividad más intensa por semana para mantener un estado de salud adecuado. No obstante, a pesar de estas recomendaciones, la motivación para ejercitarse sigue siendo escasa en una sociedad donde el sedentarismo esta arraigado.

El biólogo evolutivo Daniel Lieberman, de la Universidad de Harvard, proporciona una perspectiva interesante al abordar esta problemática. En su libro “Exercised: Why Something We Never Evolved to Do Is Healthy and Rewarding”, el académico argumenta que los seres humanos no han evolucionado para hacer ejercicio en el sentido moderno de la palabra. Hacer actividad física es un esfuerzo voluntario y moderno con fines de salud, y no un rasgo intrínseco de nuestra naturaleza.

Lieberman expone que, durante la mayor parte de nuestra evolución, el movimiento estaba vinculado a necesidades inmediatas y situaciones socialmente gratificantes. Actividades como cazar, recolectar, bailar y jugar eran formas de movimiento que cumplían funciones esenciales para la supervivencia y el bienestar social de nuestros antepasados. Este legado ha dejado una huella en nuestra biología que, en la actualidad, se traduce en una resistencia natural a realizar ejercicio físico simplemente por el placer de hacerlo.

En una entrevista con The Harvard Gazette, el profesor Lieberman señala que "evolucionamos para movernos, pero no para ejercitarnos". Gastar energía en actividades físicas que no son estrictamente necesarias habría sido inconveniente para un cazador-recolector. Así, no hacer ejercicio no denota pereza, sino que es una respuesta natural profundamente arraigada en nuestro comportamiento.

Frente a este panorama, es esencial abordar el sedentarismo desde una perspectiva que contemple nuestras raíces biológicas y evolutivas. Comprender que la inercia no es solo una cuestión de deseo o voluntad, puede ser el primer paso para rediseñar la relación de los argentinos con la actividad física, implementando estrategias que hagan del ejercicio una parte integral de la vida diaria.

 

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