Siempre con el celular: qué dice la psicología sobre este hábito cada vez más común
Lo que parece una simple costumbre esconde mucho más de lo que imaginás. Los detalles, en la nota.
El uso del celular se convirtió en una práctica omnipresente, especialmente entre los jóvenes, y su impacto en la salud mental es objeto de creciente interés y análisis en el ámbito de la psicología. Investigaciones demostraron que este hábito, que podría parecer simple, encierra consecuencias que van más allá de la desconexión social y la disminución de la comunicación efectiva.
Según Éilish Duke, profesora sénior de psicología en la Universidad de Leeds Beckett, el impulso de usar el celular es automático, una respuesta condicionada que se ha arraigado tanto en nuestra rutina diaria como cerrar la puerta al salir de casa. La profesora Ariane Ling, del Departamento de Psiquiatría de NYU Langone, complementa esta visión afirmando que el deseo humano intrínseco de estar informado, una característica evolutiva que favoreció nuestra supervivencia, es intensificado por el acceso constante a la información a través de los dispositivos móviles.
El cerebro humano, por su parte, está diseñado para buscar placer, lo que puede llevar a una adicción similar a la que se experimenta con sustancias como el alcohol o las drogas. Duke sostiene que el sistema de recompensas del cerebro nos impulsa a buscar novedades constantemente.
No obstante, el uso excesivo del celular también ha dado lugar al fenómeno del “phubbing”, que se refiere al acto de ignorar a las personas que nos rodean al centrarnos en nuestras pantallas. Esta acción puede afectar negativamente nuestras relaciones interpersonales y nuestra calidad de vida.
El sistema nervioso central presenta además un equilibrio complejo entre la búsqueda de placer y la autocontención. La corteza prefrontal, una estructura clave implicada en la regulación de impulsos, busca detener comportamientos adictivos. Sin embargo, estudios indican que esta área del cerebro no se desarrolla completamente hasta alrededor de los 23 o 24 años, lo que podría explicar la mayor vulnerabilidad de los adolescentes ante esta forma de dependencia. Como señala Duke, “el circuito de recompensa está en alerta máxima, listo para funcionar todo el tiempo”.
A la luz de estos hallazgos, los profesionales de la psicología ofrecen algunas recomendaciones prácticas para aquellos que podrían ver el uso del celular como un problema en sus vidas. Fomentar periodos de desconexión, como salir a caminar, realizar actividad física o establecer almuerzos sin tecnología, puede ayudar a redirigir la atención hacia actividades que no involucren la pantalla.
Adicionalmente, pequeños cambios en la rutina diaria, como optar por un reloj de pulsera en vez de mirar el teléfono para consultar la hora, o leer libros físicos en lugar de contenidos digitales, pueden mejorar la relación con el uso del celular.
Finalmente, la capacidad de resistir los impulsos asociados al uso de la tecnología también requiere esfuerzo consciente. Reconocer estos deseos y reflexionar sobre su origen y efectos en la vida cotidiana representa una estrategia eficaz para aquellos que buscan liberarse de esta dependencia. La práctica regular de la autocontención puede resultar en beneficios significativos a largo plazo, promoviendo un estilo de vida más equilibrado y conectado con el entorno físico.
