La posibilidad de almacenar en un soporte voces, canciones y sonidos para luego reproducirlas fue una hazaña que cambió para siempre nuestra cultura. El camino sinuoso que llevó desde los primeros dispositivos que causaban hasta temor o ansiedad entre el público hasta las inmensas fonotecas que cargamos en el smartphone estuvo repleto de experimentos, hallazgos, creatividad, desaciertos y fenó- menos de moda.

La exposición “1, 2, 3à ¡Grabando! Una historia del registro musical”, organizada por la Fundación Telefónica, propone descubrir los hitos que marcaron ese recorrido. “Paso a paso se fue mejorando para alcanzar un sonido mejor. La forma de sentir y compartir música también fue cambiando”, explica Cristina Zúñiga, curadora de esta muestra que se realizó también en Madrid, pero que en Buenos Aires se realiza con piezas obtenidas de prestadores locales, como el Museo de la Ciudad, Espacio Pla y Radio Bar, entre muchos otros.

Una réplica construida en Argentina del primer dispositivo en la historia que pudo registrar el sonido en soporte físico, el fonoautógrafo, marca el comienzo de la exposición que abarca desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días y va contando esta fascinante historia a través de audios, videos, fotos, juegos interactivos y, por supuesto, los propios dispositivos que fueron protagonistas. Según cuenta Zúñiga, que acompañó a BAE Negocios en la visita, ese aparato parecido a una hormigonera permitía registrar, pero no reproducir.

Le siguieron el Fonógrafo tinfoil, de sonido lloroso, que usaba el papel de aluminio como soporte y fue inventado por Edison. Ya fue posible reproducir. Deslumbró a la audiencia en su primera demostración y fue llamado “El mago de Menlo Park”. El recitado de “Mary had a little lamb” fueron las primeras palabras de una voz humana grabadas y reproducidas.

Este equipo era, sin embargo, frágil. Se lo utilizó como instrumento para dictado en las cortes.

Después surgiría el Grafófono de Bell, cuyo soporte ya era un cilindro de cera y contaba con un brazo flexible. Más tarde el fonógrafo sería retomado por Edison pero también con ese soporte. Este fonógrafo salió del ámbito judicial y se colocaron máquinas en espacios públicos como estaciones, hoteles, salones. Se les colocaba una moneda y podían oírse lecturas, canciones o gags. Fueron furor. Las fotos que se pueden ver en la muestra, y que atestiguan cómo fue cambiando la forma de escuchar, muestran en esa época (hacia 1895) a damas y caballeros de sombrero rodeando uno de estos aparatos y escuchando con auriculares.

Según detalla la curadora, también se transformaron las sesiones de grabación de músicos y cantantes. En los comienzos se veía a los artistas muy juntos y apretados con sus instrumentos porque no había micrófono. Se hacía todo en una toma porque no se podía editar. Existía una figura simpática que era el “pusher”, que empujaba o alejaba al cantante del equipo según fueran notas graves o agudas, una versión rústica del actual “ingeniero de sonido”. Con el tiempo, la llegada de los micrófonos (cuya progresión también puede apreciarse en la expo) permitió a los cantantes explotar la creatividad vocal y surgieron los crooners como Frank Sinatra.

Las fotos muestran además có- mo pasó a compatirse música en las casas y cómo quienes vivían lejos de la ciudad pudieron vivir la experiencia también.

La muestra incluye entre los hitos el invento de un argentino. Se trata del Fotoliptófono, de Fernando Crudo, que impresionaba el sonido en papel común, que era más barato. Su propuesta era incluir páginas sonoras en los diarios para que los lectores las escucharan en sus casas. Llegó a comercializarse con gran repercusión.

Las radios en sus cientos de variantes, los micrófonos ultraelegantes de los años 50, los comienzos de la industria discográfica y la desconfianza inicial de artistas que luego vendieron cientos de copias, la llegada de hitos como el magnetófono : el progreso audiofónico no se detuvo y todas estas instancias están presentes en el recorrido. Para los nostálgicos, el casette tiene su rincón especial, también la clásica rocola. Una de los artefactos más valiosos que se exhiben es el primer grabador, de Phillips.

El tramo final es digital. Los dispositivos se vuelven más familiares. Del CD al primer Ipod de Apple, pasando por el MiniDisc hasta Spotify.

Volvemos al principio y Cristina, la curadora, coloca su telé- fono junto a uno de los primeros fonógrafos y la comparación muestra instantáneamente el gran salto tecnológico. Un periplo que cambió la forma en que disfrutamos a diario de nuestras canciones favoritas.

La muestra se complementará con visitas guiadas y talleres gratuitos para instituciones educativas y público general. También contará con un ciclo de conferencias asociadas a cargo de especialistas. Para recorrer, conocer, recordar y escuchar.

Agenda

La exposición contará con visitas guiadas (lunes a viernes: 17,30 y 19.; sábados: 15,30; 17,30 y 19 hs.). Hasta el 27 de enero en Arenales 1540, con entrada libre y gratuita.