Paula Boente
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Las casas en silencio; las persianas de los locales, bajas; las calles, semi vacías. La gran metrópolis cambia su ritmo pero no detiene el pulso. Entre las manzanas que se despliegan oscuras, algunas luces de neón encendidas anuncian el oasis. La noche aún tiene mucho para ofrecer.

Cafés y restaurantes abiertos las 24 horas son refugio para almas insomnes y trabajadores nocturnos. En Buenos Aires, como en varias de las grandes capital del mundo, se puede comer a cualquier hora. Una pizza un martes a las 3 de la madrugada o una milanesa napolitana un jueves a las 5AM justo antes de que el cuerpo empiece a pedir café: nada es imposible. Ni siquiera el delivery de trasnoche.

Actores, médicos y taxistas, entre los clientes

En ese puñado de bares y restaurantes, algunos son toda una institución en el ecosistema porteño. "La Academia" es, sin duda, uno de los más legendarios. Fundado en 1930, sólo cierra sus puertas algunos 24 de diciembre. Ubicado en la avenida Callao, a pasos de Corrientes y junto al Hotel Bauen, es todo un clásico y un lugar imprescindible para aficionados al pool. Nada como instalarse en alguna de las dos mesas enmarcadas por los ventanales de madera, pedirse un chopp o un café y ver la ciudad sin movimiento.

En su inmenso salón de piso ajedrezado, que termina en la zona de mesas de pool, recalan bailarines de tango, público y actores que salen de los teatros, despabilados solitarios que leen libros, jóvenes, y hasta algún músico famoso. José, mozo del turno noche que trabaja en el local hace más once años, cuenta a BAE Negocios: “ Por acá pasaron varios grupos bailanteros, Rodrigo, Walter Olmos, Pocho La Pantera, Ricky Maravilla. Cuando terminaban de trabajar venían. Paraban por hoteles de la zona. Llegan porque es un lugar conocido”.

Pizza ($150 la grande de muzzarela), milanesas ($125) y hamburguesas es lo que más sale. Un café cuesta $35 y un chopp entre $40 y $80 según la etiqueta.

Hacia las cinco de la mañana, el público nocturno va dando paso a los ofi cinistas que llegan a la zona a desayunar. “Me gusta trabajar a la noche, es más tranquilo. Ya estoy acostumbrado”, dice José.

También en la zona del Congreso, el “Bar Yrigoyen”, ofrece comidas y tentenpié a altas horas. Es un lugar sencillo, sin pretenciones ni precios siderales. Hamburguesas, papas con queso o cortes de parrilla integran una carta bastante provista. Ideal tomar una cervecita con rabas en la vereda.

Tacones lejanos 
Martes 3 AM. Una dama de vestido negro, con zapatos de tango y abrigo con brillitos entra a “La Orquidea”. Lo acompaña un hombre de saco y camisa que aplasta el cigarrillo con la suela antes de entrar al bar. Sólo hay dos mesas ocupadas. La pareja se sienta junto a la ventana fi leteada que anuncia “café, minutas”.

Bailarines y público de milongas recalan en La Orquídea o en La Academia

Cuesta imaginar la esquina de Corrientes y Acuña de Figueroa sin “La Orquídea”, ese cafetín antiguo y amigable frecuentado por espíritus bohemios, algún que otro elenco que sale de funciones de los teatros del Abasto, público de las milongas de la zona y taxistas. Nadie objetará que se pida un plato de pastas o una milanesa con fritas bien pasada la medianoche.

Hacia el centro, en la Avenida Santa Fe, en el mapa noctámbulo están marcados otros dos clásicos. En la esquina de Riobamba, “Babieca” es un infaltable en la lista. Funciona desde la década del ‘80 y era originalmente una vieja pizzería con paredes de azulejos. Hace décadas que abre las 24 horas, no cierra nunca.

“Ni por revolución ni por bombardeo”, asegura José, encargado del turno noche, que está detrás del mostrador monitoreando el ir y venir de los mozos por el local desde hace 27 años. Recuerda que estaban abiertos incluso durante las fatídicas jornadas de la crisis del 2001. “Veíamos las marchas pasar para un lado y para el otro”, comenta. La carta es muy amplia pero tiene a la pizza y a las pastas (que son caseras y se ofrecen con más de 20 salsas) como sus especialidades. Además de las variedades tradicionales hay gustos un poco más exóticos como la pizza de pollo o la de rúcula, jamón crudo y tomate disecado.

“El público de la noche es completamente diferente. Hay más bohemia. Viene gente que trabaja en los teatros, en radios o en empresas que funcionan de noche y se hacen una escapada. El que sale del teatro sabe que puede comer acá aunque sea tarde. La gente viene con otro humor, con otra predisposición ”, describe José.

Se consiguen pizza, pastas y hasta los mejores cortes de parrilla

Jacobo Winograd, Flavio Mendoza, Carmen Barbieri, Moria Casán y Roberto Piazza son algunos de los famosos y mediáticos que algunas noches llegan al local.

A pocas cuadras de ahí, en Santa Fe y Rodríguez Peña, La Madeleine es otro de los que hacen historia en la trasnoche porteña. Tiene hasta delivery de madrugada, para calmar el hambre de quienes no pueden o no quieren dormir. Pizzas, empanadas, pastas y souffl é están entre las especialidades, pero hay también bifes, revuelto gramajo y, por supuesto, café, que se sirve a toda hora. Un chopp está $70, una Quilmes 3/4 $110 y la grande de Muzzarela $220.

Es martes a las 3 de la mañana. Una pareja comparte una pizza en una de las mesas. Llevan una valija de viaje. En otra mesa, un hombre solo tiene delante tres copas de vino blanco. Mira TV. Las fi guras de John, Paul, Ringo y George tapizan de rock y psicodelía las paredes del salón. Bajó el dibujo del submarino amarillo una pareja toma un helado.

“El dueño es fan de los Beatles”, explica Dante, que trabaja ahí desde hace 6 años. Y cuenta: “El público de este turno es más tranquilo, más relajado y consume más. Muchos vienen a comer. Se puede pedir lo que quieran. A veces piden pizza con café con leche, cada quien tiene sus gustos”, cuenta Dante, que trabaja hace 6 años en el local. Según describe, entre el público hay doctores o enfermeros, taxistas, pibes que vienen del baile, gastronómicos que salen de trabajar o vienen a festejar el Día del Amigo por ejemplo.También han pasado famosos como Fito Paéz o Los Nocheros. Actualmente, de lunes a miércoles cierran algunas horas, pero está en los planes retomar próximamente el horario completo de 24 horas.

Las brasas siempre están candentes en “Lo de Charly”. La parrilla de la Av. Álvarez Thomas al 2100 es parada asegurada para deambulantes insomnes. “A la noche vienen tacheros, remiseros, camioneros, el repartidor de leche, chicos que escuchan música, gente de productores de TV y alguno que se peleó con la novia y sale a la madrugada a comer un sandwich”, señala Tobías, el encargado, que empezó a trabajar ahí hace 22 años. El vacío es una de las especialidades ($95 en sandwich y $170 la media porción al plato para compartir). Hay bondiola ($260 la porción para dos), costillitas de cerdo ($250), asado tira banderita($290) y por $370 tenedor libre. Tobías destaca que no se cobra cubierto y las porciones son para compartir.

En estos bares y restaurantes, como en algunos más con tradición nochera que se reparten por los barrios, las anécdotas -las que se pueden contar y las que no- se suceden a diario en el paisaje vibrante de una ciudad que nunca para del todo.