-¿Cómo fue la elección del título?

-El título es siempre para mí un martirio. Carga consigo una responsabilidad inmensa. Siempre aspiro a que transmita el espíritu de la novela, pero que a la vez exista por sí mismo, que evoque sentimientos, que provoque, y que tenga sonoridad. Son muchos elementos los que busco, por eso tardo muchísimo en encontrarlo. Me ha ocurrido que estoy a punto de entrar a imprenta y aún estoy dudando y buscando y sufriendo por el título. Este no fue una excepción. Tuvo muchos nombres antes, y al final La estación de las mujeres se impuso. Me gusta que tenga dos acepciones. La de las estaciones del año y la de las estaciones de trenes, lugares de paso, de encuentros, de despedidas, lugares cargados de promesas, de sentimientos fuertes.

-¿Es una novela feminista con intención de serlo?

-Mi escritura es una oruga que se desplaza con lentitud, y no responde directamente a los temas gravitantes, si no que más bien a obsesiones muy personales. La posición desmedrada de la mujer, el abuso, la violencia, la desigualdad de las oportunidades a lo largo de la historia son asuntos que siempre me han importado, y están, de diferentes formas, en todas mis novelas. Sin ser la mía una escritura militante, en el sentido de que no intento levantar banderas a través de mi ficción, las mujeres de mis novelas siempre recorren un camino que las lleva a un lugar de más libertad, de más autonomía, de más conciencia de sí mismas.

-¿Cómo fue cruzar personajes reales y ficticios?

-La idea de escribir una novela con cinco mujeres de diferentes tiempos y épocas surgió en un viaje que hice a Nueva York a hacer un trabajo para la Universidad de Columbia. Estaba en medio de esa investigación, cuando me empezaron a ocurrir cosas extraordinarias. Como encontrarme un día sentada en una banqueta esperando a un amigo frente a Barnard College, y descubrir que en la banqueta estaban escritas decenas de frases que pertenecían a la obra de la artista Jenny Holtzer. Frases como: Llega hasta el límite tan frecuentemente como puedas, o Morir de amor es hermoso pero estúpido, y que se volvieron un eje central de la novela. También descubrí que Gabriela Mistral y el amor de su vida, Doris Dana, se conocieron cuando la poeta fue a dar una charla a esa misma universidad en 1945, encuentro que desembocó en una relación amorosa que duró hasta la muerte de la poeta. Era una coincidencia demasiado literaria para dejarla pasar. Decidí entonces, a partir de las cartas de amor que Gabriela le envió a Doris, ficcionar un momento de sus vidas. El resto de los personajesfueron surgiendo poco a poco, y se fueron trenzando naturalmente con los de Doris Dana y Gabriela Mistral.

-¿Los que son ficción están inspirados en alguien?

-Como decía anteriormente, comencé a escribir esta novela durante una temporada que pasé en Manhattan. Eran días de caminar, de conversar con desconocidos, de quedarme en un café tomando notas. Fue en este escenario que surgieron las mujeres de esta novela. En todas ellas están entremezcladas la realidad y la ficción. Anne, por ejemplo, la conserje que en la novela un día desaparece, es una chica con quien me encontraba todas las mañanas a las puertas del lugar donde me hospedaba y con quien sostuve una silenciosa complicidad. Elizabeth, por su parte, la chica que en 1946 huye de su casa para estudiar literatura en Columbia, y que hace el amor con un hombre mayor todas las tardes en un cuarto que da a la calle, surgió de una imagen, la de mi propia ventana que daba a la calle y a través de la cual escuchaba los sonidos de la ciudad.Todas viven en el barrio que rodea la Universidad de Columbia, todas tienen una fractura existencial.

-¿Por qué hay partes en inglés?

-Las frases en inglés pertenecen a la artista estadounidense, Jenny Holzer, una artista conceptual que despliega palabras en espacios públicos. Era importante que estas frases, además de en español, estuvieran en su idioma original, por su sonoridad. Frases como"Llega hasta el límite tan frecuentemente como puedas", "Es esencial tener una vida imaginaria", "Morir de amor es hermoso pero estúpido". Sus textos están llenos de irreverencia, de una concisión y un poder que, cuando los descubrí, provocaron un eco profundo en mí. Tuve el privilegio de que la artista accediera a que incluyéramos su obra en la novela.

-¿Esperar es una forma de desaparecer?

-Definitivamente. Es una frase que dice uno de los personajes, Margarita. Creo que ahí está la clave que une a todas estas mujeres. Cada una de ellas está en un momento crucial, y debe hacer algo, algo importante en su vida, sino quedará varada ahí para siempre.

-¿Por qué la elección dela poeta Gabriela Mistral para que se uno de los personajes?

-Después de descubrir que Gabriela Mistral y Doris Dana se encontraron por primera vez en Columbia, encontré los cientos de cartas que Gabriela le envió a Doris Dana. En estas cartas, bellísimas todas, queda de manifiesto el amor pasional que las unió, amor que los Mistralistas han intentado hacer pasar por un amor filial. Una vez que la Mistral entró en la novela, me interesó mostrar ese aspecto de ella que ha sido vedado y encubierto bajo la imagen de una mujer casi virginal, aburrida, desprendida de lo carnal, que no responde en absoluto a su verdadera naturaleza. Creo que conocer esto nos otorga una mirada diferente y esencial sobre su obra.

-¿Por algo eligió que fuera una novela coral?

-Casi todas mis novelas están construidas en base a diferentes voces, diferentes puntos de vista. El resto es silencio por ejemplo reúne las voces de un niño, de su padre, y de la mujer de su padre, que en su combinación nos otorgan una mirada polifónica de la familia y sus enrevesadas relaciones. Siento que estas voces diferentes me permiten dar mejor cuenta de una realidad, porque nunca hay una sola verdad, un solo punto de vista de las situaciones que acontecen. En el caso de La estación de las mujeres, los cuatro personajes que la componen pertenecen a diferentes tiempos, por lo tanto, el entramado aquí es aún más complejo. Me interesa que los textos tengan varias capas de entendimiento y sentido. Que una historia hable, de forma casi invisible, de otras cosas.

-¿Cuándo supo que quería ser escritora?

-Desde niña fui una gran lectora. Y también escribía. Mis textos eran un territorio muy personal que no tenía intenciones de compartir. Era un lugar de confesiones, de entendimiento. Me gustaban la palabras. Jugar con ellas, explorarlas, crear sonoridades. Pero lo cierto es que no tenía ninguna aspiración de convertirme en escritora. Fue después de cumplir cuarenta años que decidí abandonar mi carrera como diseñadora y dedicarme exclusivamente a escribir. Esto respondía, mas que al afán de convertirme en escritora, de pasar todo el tiempo que me fuera posible dentro de las letras. Leyendo y escribiendo. Así fue.

-¿Es más complejo para una mujer publicar?

-Al comienzo fue mucho más difícil ya que la literatura es un territorio terriblemente masculino. Por ejemplo, los grandes críticos que han generado compendios de literatura universal, en un 90% son hombres. El canon ha sido establecido por los hombres. En Chile armamos un colectivo de escritoras chilenas, AUCH! (autoras chilenas). Nos reunimos el 8 de marzo de 2019 espontáneamente y terminamos bajo un lienzo que decía "cuestiona tu canon", lo que apunta a muchas cosas. Entre otras, se refiere al canon literario, del cual las mujeres hemos sido excluidas; y eso no solo se traduce en papers oficiales, en libros, sino también en que los escritores hombres consideren nuestras letras una forma inferior de literatura. No tan solo el canon literario es liderado por hombres. En instancias como ferias, festivales, etc, solía encontrarme con grupos cerrados de escritores hombres. Cuando nos invitaban a estos eventos literarios importantes,las escritoras éramos pequeñas islas, y, en tanto islas, estábamos separadas de la tierra grande, del continente, que eran ellos. Hoy las cosas están cambiando. Hay una corriente de escritoras jóvenes que ha irrumpido con mucha fuerza. Escritoras argentinas, colombianas, mexicanas, chilenas de generaciones más jóvenes que se están ganando todos los premios, cosa que antes no ocurría con frecuencia. Hoy estas escritoras son invitadas a festivales, a mesas redondas en torno a su escritura. Hay una explosión de literatura de mujeres en español.

-¿Tiene una rutina para escribir?

-Escribo todo lo que puedo. La vida está siempre arrojándome en mil direcciones, y mi obsesión es volver siempre a ese espacio de silencio donde se gestan las palabras y las historias. Una guerra sin tregua que a veces me deja exhausta. En ese sentido no tengo rituales, he aprendido a minimizar al máximo mis exigencias del lugar perfecto, del momento perfecto, del ánimo perfecto. Mi computadora, un poco de silencio, y ojalá, al frente una ventana. Es todo lo que pido. En el cuarto donde escribo tengo una ventana con una jardinera minúscula que cuido como si fuera un parque, además de flores tengo especias y yerbas, como comino, albahaca, romero y menta.