-¿Cómo te llegó el texto?

-Todo comenzó con un cruce imprevisto con Julia Ortiz, editora de Criatura (UY), en el que me comentó que tenía un proyecto entre manos y que, cuando estuviera más avanzado, me llamaría para conversar un poco. Efectivamente, un tiempo después, recibo noticias suyas. Nos reunimos y allí me contó que estaba trabajando con La mujer desnuda de Armonía Somers. Ahí hablamos un poquito del texto, de la autora, de las razones que sostenían la voluntad de esta reedición y me compartió el texto para que pudiera ir leyendo y bajando ideas.

-¿Qué es lo que te tomaste para ilustrarlo?

-Muchas cosas. El texto es, a mi entender, muy sugerente y bastante polisémico por lo que, metodológicamente, opté por generar una ficha de lectura en la que iba indicando pasajes que me parecían sustantivos para la construcción del relato y acompañándolos de notas y pequeños bocetos que dejaban registro, de forma improvisada, de mis primeras impresiones e interpretaciones. A partir de eso, me permití la propuesta de una narrativa visual que oscilara, según el momento, entre representaciones más o menos vinculadas a los sucesos concretos que el texto relataba y al orden en que éstos aparecían.

-¿Qué te gustaría que se encuentre en tus ilustraciones?

-Una puerta de entrada. Uno de los objetivos del proyecto fue proponer códigos visuales que ayudaran a instalar este texto en coordenadas temporales actuales y que permitieran acercarlo a una población lectora que hoy puede encontrar mucho sentido en esto que Armonía escribió hace unos cuantos años. Fuera de eso, la propuesta no es más que un estímulo posible, una forma de ver las cosas. Son lxs lectorxs que completan el circuito.

- ¿Por qué te parece que es tan actual una novela que fue escrita en 1950?

-Si bien la obra fue escrita setenta años atrás, en otro contexto histórico y cultural, tiene algunos aspectos que permiten hacer lecturas que se insertan orgánica y pertinentemente en la actualidad. Este es un libro que tiene como protagonista una mujer. Una mujer que a sus 30 años decide cortarse la cabeza y, desnuda, iniciar un viaje que la enfrenta al deseo, a la seducción, viaje que la enfrenta al deseo, a la seducción, al temor, a la violencia, a la persecución, entre tantas otras cosas. Como bien dice Gabriela Borelli (quien escribió el prólogo de esta reedición), la lectura se resignifica y se adecúa para proyectar, en sus páginas, las tensiones y debates de cada contexto. ¿Qué nos devela de nosotrxs, aquí y ahora?

- Cada vez son más los libros ilustrados para adultos, ¿por qué te parece que es?

-Pienso que la ilustración permite agregar otra capa de sentido y propone a lxs lectorxs otra conexión: no sólo está el diálogo con la autora del texto y lo que ésta propone, sino también con quien reinterpreta desde este otro lenguaje. Como lectorxs tenemos más superficies de contacto desde donde encontrar acuerdos, tensiones y divergencias y entiendo que esto puede ser de interés. Además, estamos insertxs en un contexto de consumo general que está fuertemente atravesado por las imágenes. La cultura visual juega un rol importante en nuestras vidas y, en ese sentido, su presencia se hace cada vez más usual y esperable.

-¿Es más complejo ilustrar para adultos?

-No necesariamente. Los textos ilustrados son cada vez más frecuentes por lo que, a mi entender, el público adulto está habituado e incluso valora positivamente el aporte de las imágenes en la experiencia de lectura y lo que éstas le agregan al objeto editorial en sí mismo. Como en todo, habrá personas que valoren más algunos registros que otros pero, en términos generales, siento que hay apertura para la exploración y eso lo hace un ejercicio más amable. De todas formas, el trabajo en equipo —en este caso con la editorial— es crucial, a los efectos de construir colectivamente el tono: ahí se conjuga la intuición de ambas partes con el conocimiento que la editorial tiene de sus lectores.

-¿Qué te generó leer la novela?

-Este texto es distinto a lo que, al menos en su momento, venía leyendo. Por aquella época venía en una línea de pronto más ensayística y, en este caso, me encontré con un relato super sinuoso y ambiguo que me enfrentó a la ansiedad de una lectura abierta a todas las interpretaciones posibles y exigente de una postura implicada, desde la que estar decidiendo permanentemente cuáles son las verdades subyacentes de esas líneas, cuáles son los caminos "posibles" y cuáles son los descartables. En ese sentido, entiendo que mi cruce con La mujer desnuda fue un proceso muy significativo, que no obedeció simplemente a dar respuesta a mi tarea concreta en esta reedición, sino que cobró sentido en sí mismo, interpelándome desde muchos niveles como lectora. Esto inevitablemente afectó también el abordaje de mi tarea. En mi caso, como ilustradora, tiendo a trabajar mucho con el vector: eso tiene que ver con que mi relación con la ilustración está sobre todo atravesada por el diseño, que es mi profesión. En ese sentido, en el vector he encontrado una herramienta con la que me siento cómoda y que me resulta muy fiel a la hora de plasmar y sintetizar ideas en imágenes concretas. Y eso inevitablemente ha asentado un universo estético asociado a mi trabajo y a mi persona. Sin embargo, en este proyecto —luego de haber avanzado singificativamente en un primer camino que seguía esa línea— sentí la necesidad de salirme de ese universo. No porque otro lenguaje fuera necesariamente más apropiado para el texto (estas asociaciones son personales y cambiantes) sino porque eso fue lo que me generó a mi: un corrimiento inducido por el desborde que el viaje de Rebeca Linke sugería.

-¿Es complicado ilustrar el deseo?

-Pienso que es una tarea compleja en la medida en que entendemos que el deseo no es un concepto cerrado. ¿Cómo se ve el deseo? Depende para quien. Estamos históricamente habituadxs a consumir productos donde el deseo tiene, mayoritariamente, una mirada (la masculina, la heterosexual) enfocada a un objeto protagonista (el cuerpo femenino). Esto resulta en una visión muy concreta de la experiencia sexual y demanda una reflexión que permita imaginar y proponer códigos que exploren otros lugares. En el caso de este libro, éste fue un nodo bastante importante. Si bien podríamos decir que este es un relato de autodescubrimiento y de búsqueda de una autenticidad, también es un texto que pone sobre la mesa lo que el cuerpo desnudo e irreverente de una mujer genera en este pueblo: deseos de posesión, de control, de silenciamiento, de violencia y destrucción. Por eso, yo elegí ubicar parte de la experiencia de Rebeca en esos otros ojos, donde ella (o la idea de ella, dado que muchos habitantes ni siquiera alcanzan a verla) trasciende su escala humana y se magnifica en la imaginación de todxs las habitantes del pueblo. Es por eso que, en muchas imágenes, Rebeca se encuentra hipersexualizada, fuera de escala, inalcanzable, omnipresente, una femme fatale que amenaza la tranquilidad del pueblo. Este fue el camino que yo encontré para cuestionarme este aspecto y, con suerte, lograr extender el diálogo a lxs lectorxs. Sin dudas habrán otras formas, lecturas o focos igual de importantes que se desprenden de este texto y en los que vale la pena detenerse.

-¿Cuál es la importancia de los colores?

-En aquellos pasajes donde vemos a Rebeca a través de sus propios ojos, la escala y el color del personaje son unos. Cuando la vemos a través de los ojos de lxs otrxs, éstos cambian. Esta decisión tiene que ver, por un lado, con los tintes surrealistas que están presentes en toda la obra y que habilitan este tipo de juegos y, por otro, con lo que comentaba en el punto anterior. Cuando ella se despoja de su ropa y deja atrás su casa para embarcar viaje, la vemos violeta, color que Armonía menciona en algún pasaje y que la hace única frente a la monotoneidad del pueblo tibio. Violeta. Color que, en una lectura actual, cobra otros sentidos y nos enfrenta al cuerpo como lugar de disputa: el cuerpo como objeto de deseo y lugar donde se imprime la expectativa ajena y el cuerpo como vehículo de resistencia y exploración

-¿Hay alguna novela que soñás con ilustrar?

No particularmente.

-¿Cuánto puede aportar el dibujo al feminismo?

-Considero que el potencial es muy significativo. Las imágenes juegan un rol crucial en la producción de sentido de las personas y encarnan, de alguna forma, los valores estéticos y morales de nuestra sociedad. En ese sentido, la exploración discursiva es necesaria para la tarea de lxs productores de imágenes dado que permite reconocer las tensiones existentes y producir universos visuales que se inserten dentro de esos debates, favoreciendo la expresión de nuevos horizontes.